Quizá algún día


Quizá algún día
, repetiste. Quizá algún día, repetí. Sigue sonando y lo escucho porque así creo que regresas. Está en aleatorio y lo traduzco en mi cabeza. Lo traduzco y me apropio, como si hablara contigo. Sé que vuelves en las letras del post-punk que es tan tuyo como mío. Y si canto es porque así creo que te hablo. Y si estás en silencio es porque escuchas lo mismo y subes el volumen. Y sabes que estoy pero no quieres verme. Y sabes que buscas lo que escribo aunque no quieras saberlo, pero estoy en las canciones que suenan en tu cabeza, en los parámetros que rompimos al querernos tanto. Estoy cada vez que empiezas a escribir un e-mail que no terminas de enviar. Y cada vez que reviso la carpeta de correos no deseados. Y en lo que suena, siempre, en lo que suena desde que ya no estamos y habitamos este largo y doloroso silencio.

Lolita a través de una canción

Tenía 12 años cuando escuché esta canción por primera vez, es decir, en el 2002. La entendía perfectamente y me apropié de ella: se trataba del enamoramiento entre una alumna y su profesor. Lo cierto es que no había leído Lolita y sólo entendía de esta situación a través de esta canción. Veía el video todas las tardes y la escuchaba siempre antes de ir a dormir.
 
Tenía un crush con un profesor de mi colegio, al igual que la mitad de las alumnas. En un colegio de puras mujeres, era normal sentir cierto tipo de admiración por el profesor más joven, sobre todo cuando era nuestra única referencia masculina: un 90% de la nómina de docentes estaba compuesta por mujeres.
 
El idilio era compartido entre varias. Las de bachillerato incluso se atrevían a insinuarse de formas más directas. Él no les hacía caso. En cambio, nosotras, las de 12 años, sólo sentíamos un pequeño escalofrío al entrar a clases con él. Recuerdo esto desde los ojos de la inocencia, desde los oídos que saben que algo como esto sólo ocurriría a través de una canción. Allí estaba Sting contándonos en un video cómo podía suceder algo que en realidad no queríamos pero que nos interesaba, nos movía la curiosidad y, de alguna forma, nos invitaba a explorar por primera vez asuntos que en el momento no podíamos explicar.
 
Pensé en este asunto durante mucho tiempo y, a medida que crecíamos, muchas hablábamos de nuestro primer crush. Algunas negaban haber manifestado algo al respecto, otras simplemente se quedaban calladas. Sustituimos la inocencia por la imposibilidad y dejamos de contar esta historia. En mi caso, mi memoria se activa cada vez que suena esta canción.
 
Nuestro profesor se fue del colegio tiempo después y en su lugar empezó a dar clases una profesora. Por ella ya no valía la pena escuchar a The Police todas las tardes.

Por si acaso

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Comienzo una libreta apuntando tu correo electrónico. Por si acaso, pienso. Pero no, no haré nada. Mejor veré la «luna que sangra» mientras escucho The Connells, bajaré descalza al jardín, será más fácil que escribirte un e-mail que igual no responderás y cambiarás después para seguir huyendo. Será menos doloroso, menos predecible. Dejaré que tu cuenta dure más esta vez, 7 años nunca fueron suficientes. Aunque un estudio diga que las amistades que pasan esos años duran toda la vida. Pero no creo, los estudios se equivocan, nada dura tanto, todo está destinado a mutar, como las canciones de The Sisters of Mercy a través de los años. Como mis lecturas. Como tu correo electrónico. Como la luna. 

Me siento

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Pat Perry

Cansada. Enferma. Voy a cumplir 25 años y creo que soy hipocondríaca. En realidad, creo que tengo miedo de morir. Y ya. Miedo de morir y que se mueran los otros. ¿Hay algún nombre para eso? Veo esto. Ella sí está enferma, de verdad, y está sonriendo a pesar de todo. A mí me duele la panza y estoy triste, retorciéndome en la cama, pensando en todas las enfermedades posibles que se tienen en la tripa. Veo una foto de una placa de petri llena de bacterias. Aconsejan que uno debe lavarse las manos 8 veces al día. No se consigue jabón, ni para lavarse las manos ni para bañarse. Quiero lavarme las manos y sentir que mi panza ya no duele, que me siento mejor y no estoy cansada. Quiero pensar en lo bello de estar completo y pararme de la cama. Porque ella tiene cáncer y está parada de la suya y le sonríe al mundo. Yo no tengo excusas. Ya no. No más.

Quiero estar aquí

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Estoy por cumplir 25 años y mi abuelo murió hace 16. Siempre le he temido a la muerte y a las llamadas telefónicas. No, no me gusta hablar por teléfono. No me gusta cuando suena. Es señal de desastre. De cosa que no se puede escribir porque duele demasiado.

A los 15 años conseguí una tarjeta que él me había enviado cuando yo estaba cumpliendo 12 meses. Él estaba en Italia y en esa tarjeta me decía que estaría conmigo hasta que yo cumpliera 25. Se cumple y es imposible no sentir que algo falta. Desde los 15 no dejo de pensar en esa frase. ¿Por qué a los 25? ¿Por qué no después? ¿Por qué te tienes que ir si yo voy a seguir viviendo? ¿Voy a seguir viviendo?

Cuando encontré la tarjeta no quería estar aquí. Tenía 15 y a los 15 nadie quiere estar aquí. La adolescencia surge en el cuerpo para sentir frío. Pero ya no soy adolescente.

Estoy por cumplir 25, él murió hace 16 y quiero estar aquí. Y que él me siga acompañando.

Volver ~

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Craww

Los labios para nombrar la casa se quiebran
como botijas en algún sitio que nadie sabe.
Yolanda Pantin

Tengo un nombre que me pesa. La tradición del apellido del abuelo muerto y de la casa, siempre de la casa. Vuelvo a esta niñez como quien vuelve a un puño cerrado que ya no se comprende. Vuelvo a la madre que ya no tiene tiempo pero que siempre trae algo, al piano que ya nadie toca porque sus manos están muertas y con ella mi ternura. Vuelvo a esta casa y sacrifico un paraíso. Vuelvo yo, regreso siempre, la infancia no. Nunca.

Breve nota sobre el abandono

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”En rigor no debo decir que mi padre me abandonó dos veces (…).
Yo solo guardo memoria de su segundo abandono.”

Juan Carlos Méndez Guédez

[Arena Negra, 2013]

Con rigor debo decir, que es el segundo abandono el que más duele. El que recordamos. El que condenamos por habernos hecho ejercitar la memoria. Olvidar no es tan difícil, lo que nos asusta es la alevosía con la cual vuelven para luego, más tarde, irse.

Hay padres que no están hechos para regresar.

Los libros están caros

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Los libros están caros. Salir a tomarse unos tragos es caro. El café está caro. La comida está cara. El dólar está caro. El nuevo libro de Vargas Llosa está caro. Los libros de Alice Munro no se consiguen pero el que se consigue está caro. Las entradas al cine están caras. En esta casa descargamos películas y también e-books. Queremos tener un gato, pero el portagato está caro. Compramos unas bibliotecas antes de que estuvieran caras. Comer afuera es caro, así que ahora hacemos nuestras propias cachapas y compramos helado para guardar en el refrigerador. Ir a conciertos está caro, así que agradecemos los streaming. Marillion no viene a Venezuela y viajar a Argentina está caro. Gracias a los e-books y a las descargas ilegales por no apartarnos de la vida que no podemos adquirir.