«Disculpe, estamos trabajando en su muerte» | Versión ampliada de un estado de Facebook

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Kate Powell

Hace poco leí un artículo que decía que Facebook tendrá más perfiles de personas muertas que vivas en el año 2098. De acuerdo a un estadista, la plataforma será un verdadero cementerio digital. Es posible que el mío y el de todas las personas que conozco sea una de esas tumbas.

Siempre he pensado en el asunto del patrimonio digital y en el limbo en el cuál se encuentra nuestra información una vez que ya no estamos. Nuestros blogs, nuestros perfiles en redes sociales y nuestros correos quedan estancados luego de morir a menos que no hayamos compartido con alguien de confianza nuestras contraseñas y hayamos manifestado, por así decirlo, «nuestra voluntad». Pero… ¿nuestra voluntad? Para algunos, las redes sociales no son más que un espacio sin importancia donde algo como «la voluntad post-mortem» no debería ni ser digno de comentarse. Sin embargo, para algunas personas este espacio virtual representa mucho más que algo superficial o algo que se tiene «porque sí».

Como muchas personas, tengo amigos muertos. Varios amigos que han muerto en los últimos 4 años y que tenían perfiles en Facebook. Siguen allí. No los borramos porque su presencia en la red es una forma de recordarlos, están allí por si queremos leerlos, escribirles y ver de nuevo lo último que dijeron sin saber que iban a partir. Una vez estuve apunto de eliminar el contacto de uno de ellos, pero me detuve. Pensé que era demasiado mezquino eliminar a alguien sólo porque había fallecido. Te elimino porque te moriste. Sonaba horrible. ¿No? No representaba molestia dejarlo allí, más bien era una forma de recordar su paso por mi vida, a algunos clicks de distancia, como si la muerte lo hubiese alojado en su propio dominio virtual.

Sin embargo, vi que alguien difundió el perfil de una de las chicas argentinas asesinadas en Ecuador y algo llamó mi atención. Arriba de su nombre podía leerse en letras pequeñas: En memoria de… seguido de su nombre en letras un poco más grandes. Era la primera vez que leía que el perfil de un difunto especificaba que lo estaba. ¿Un perfil In memoriam? ¿Cómo es posible? ¿Será una página nueva que hicieron en su recuerdo? No. Luego de buscar encontré que era su perfil regular, el perfil que ella usaba para compartir y conectarse con sus amigos. Luego de comprobar que era realmente su perfil, traté de buscar información al respecto y encontré un link que explicaba que puedes tener una cuenta In memoriam una vez que dejas este mundo.

Es decir, ya existe la posibilidad de perdurar en la red luego de estar muertos. Tu perfil regular pasa a ser un perfil conmemorativo. Una tumba digital. Algo que le avisa a los demás que ya no estás pero que todavía pueden leerte en tu perfil de Facebook. Por mi parte, admito que soy de esas personas que se pregunta qué es lo que puede suceder con mis redes sociales luego de morir. ¿Todos seguirán viendo mi información? ¿Y me escribirán? ¿y me verán como yo sigo viendo a mis amigos muertos? ¿Y qué pasará con la gente que no sabe que estoy muerta? ¿Me seguirán felicitando por mi cumpleaños? Claramente, Facebook lo ha facilitado. De hecho, la posibilidad de escoger a un «contacto legado» facilitó mi decisión al respecto. Quizá en un par de años nos permita escoger nuestro propio epitafio o implementen una aplicación que permita dejar coronas de flores en el muro. Y no, esto no lo digo porque me satisface.

Me da miedo la inmediatez y lo rápido que podemos obtener información precisa sobre alguien. No quiero pensar que me enteraré de la muerte de alguna persona que quise o que quiero gracias a una notificación de Facebook o porque un día, repentinamente, su perfil se convirtió en “conmemorativo”. ¿O sí? ¿Qué tan empapados estaremos de la tecnología para sentir que debemos aceptar que esto es normal? Esto lo escribe una persona que tiene redes sociales desde los 13 años, alguien que ama estar en Internet porque le ha abierto posibilidades de trabajo, amistad y expansión. Sin embargo, a pesar de mi profundo gusto por lo digital, hay algo que siento que no está bien. Pronto el duelo se limitará a un estatus publicado en nuestro muro, y nada más, no habrá espacio para quebrarse por dentro, para dolerse, porque tendremos que pasar la página rápido, seguir compartiendo información de forma regular, seguir existiendo sin pensar en el dolor, y eso asusta. Asusta más que no saber absolutamente nada, pero supongo que la tecnología avanza para que sea posible que nos sepamos completos y sin reparos. Sin posibilidad de quiebre.

~ aquí comentas tú

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