[I] Lea este libro ~ Para Domingo Michelli

Hace unos días salió el libro Tristicruel de Domingo Michelli, nuestro «Perrolobohombre Quenoexiste». Quise hacer un pequeño homenaje colocando varias de las fotos que se han tomado del libro junto a sus comentarios. Esta es la primera parte porque sé que vendrán más. La mayoría de las fotos y comentarios provienen de muros de Facebook y tweets personales. Todo fue compartido con autorización de sus autores.
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Foto por Valentina Mendoza

Fue un viernes inusual.

Me desperté muy muy temprano y vi el amanecer. A lo largo del día varias personas mostraron signos de amabilidad que a veces creo extintos en la mayoría de los venezolanos; mucha sonrisa, mucha disposición, mucho buen humor (¡hasta de mi parte!). Fue un día de reencuentros con amigos queridos que siempre hacen reír y en espacios de recuerdos graciosos y memorables..aunque me haya perdido la presentación de Domingo En Llamas. Un viernes de comer sano y sumar todas las calorías con los postres, las polarcitas y la sidra xD. Fue un viernes permisivo. Un viernes de Blas Coll, de Casa de pisar duro. Pero sobre todo, un viernes de Tristicruel. Uno de esos días que son, como todo en esta ciudad, de complicidad y tristicrueldad.

(Quién diría que ni a la imprenta le iba a dar chance de procesar de todo. Irónico como siempre, Domi. Toda mi sidra a tu nombre).

—Valentina Mendoza 

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Foto por Miguel Marcotrigiano

No puedo decir que Domingo Michelli fue mi amigo, porque no hubo más relación que la de un profesor con un alumno… Hoy, tengo uno de los pocos testimonios que dejó en su paso por esta dimensión. No diré ninguna sensiblería ni dejaré comentario desfasado sobre Domingo. Aunque su decisión de dejar esta vida haya sido propia y esto siempre conmueva. Eso está más que dicho en los comentarios de quienes sí estuvieron más cerca de él. Tampoco juzgaré un acto que, quizás, lo haya alejado de contribuir más con la historia de la literatura nacional. Domingo fue un buen alumno, un poco distraído a veces, lector voraz de lo que le atraía -menos mal que la asignatura que coordino le gustaba-, comentarista insaciable de pasillos y aulas. Muy respetuoso aunque algún colega diga que no fue así. Manejaba la irreverencia propia del estudiante atinado y fanático de la literatura. Hoy, tengo en mis manos el único libro que publicó (que no llegó a ver) y que obtuviera una mención honrosa en el Concurso “Oswaldo Trejo”. He leído el primer texto y quisiera comentarle mis impresiones. Pero él ya no está acá con nosotros y quizás tampoco le hubiera interesado mi parecer. Un abrazo, Domingo, y felicitaciones donde quiera que te encuentres. Brindaré por el libro y por tu salud espiritual.

—Miguel Marcotrigiano

 

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